Norilsk, situada en pleno corazón de Siberia, en el norte de Rusia.
Se trata de una de las diez ciudades más contaminadas del mundo, donde las condiciones de habitabilidad resultan realmente difíciles. A ello se le une una climatología dantesca.
Echando un vistazo a algunas de las fotografías que circulan en la red sobre esta ciudad, podríamos pensar que se trata de una urbe imaginaria, casi de ciencia ficción, al más puro estilo Mordor o Dune. Pero no estamos ante ningún mundo imaginario, sino ante una urbe muy real en la que sobreviven diariamente más de 230.000 almas según el último censo de 2008.
Para encontrar los orígenes de Norilsk debemos remontarnos a 1920, año en el que fue fundada; poco después, en 1953, adquirió el estatus de ciudad cuando fue ampliada para formar parte de un complejo minero-metalúrgico perteneciente al sistema de campos de trabajos forzados GULAG. En aquel momento el gobierno soviético trasladó hasta allí a miles de «esclavos», construyendo esta ciudad en medio de las estepas heladas, y derrochando miles de millones de rublos en equipamiento especial para operar a temperaturas bajo cero. La razón no era otra que el níquel, una valisísima materia prima que tiene en Norilsk el mayor depósito del planeta, no en vano, la actual compañía minera explatodara del mineral, la MMC Norilsk Nickel, es la principal generadora de empleo en la zona.
