
01 La Atlántida del Pacífico
YONAGUNI-JIMA
Yonaguni es famosa por su potente sake, sus pequeños caballos, por su Concurso Nacional de Pesca de la Aguja (se puede contratar un barco en Kubura por unos 55.000 yenes -400 euros- para participar) y por ser el hogar de la mariposa atlas de Yonaguni, la mayor del mundo. No obstante, los visitantes acuden para ver lo que hay bajo las olas. Destino popular para los submarinistas, acuden hasta aquí para nadar entre tiburones martillo y conocer la misteriosa Atlántida del Pacífico, unas ruinas humanas frente a la costa sur de la isla descubiertas en 1985.
Yonaguni goza de un paisaje extremadamente agreste y por el litoral hay grandes formaciones rocosas, como las de la costa este de Taiwán. Las más famosas son la Tachigami-iwa, literalmente “roca del dios en pie”: la impresionantes Gunkan-iwa, la roca del barco de la guerra, y la Sanninu-dao, todas ellas frente a la costa este de la isla.
02 La última frontera de Japón
IRIOMOTE-JIMA
Varios ríos penetran hasta el frondoso interior de la isla y se pueden explorar en bote o kayak. Si se le suman soleadas playas –la mayoría de aguas poco profundas debido a los arrecifes- y espectaculares lugares para practicar buceo y submarinismo, resulta evidente que Iriomoto-jima es uno de los mejores destinos del país para los amantes de la naturaleza.
En Iriomote se pueden hacer magníficas excursiones pero antes de adentrarse en la jungla hay que notificarlo a la policía y contratar un guía. También se puede bucear entre los magníficos arrecifes de coral que la rodean.
03 Peregrinaje sagrado en Kansai
KUMANO KODO
Los turistas van a la región de Kansai porque es el corazón de Japón y porque aquí se encuentran ciudades como Kioto, Osaka, Nagoya y el Ise-jingu, uno de los tres santuarios más importantes de Japón. Pero también para realizar la antigua ruta peregrina Kumano Kodo, en Wakayama, recomendable si queremos empaparnos de la cultura y la historia niponas. Esta excursión por las montañas del sur de Kansai nos llevará a los tres santuarios sintoístas más sagrados del país: el antiguo camino de Kumano.
Desde tiempos inmemoriales, los japoneses creían que estas tierras remotas estaban habitadas por los kami, deidades sintoístas. Los primeros emperadores de Japón acudían en peregrinaje a esta zona, y seguían la ruta desde Kioto, vía Osaka, Tanabe y por los montes interiores de Wakayama. Con el tiempo, este peregrinaje se extendió de nobles a plebeyos, y también a los sacerdotes yamabushi (ascetas errantes de la montaña).
El recorrido conecta los santuarios de Hongu Taisha, Hayatama Taisha y Nachi Taisha, Patrimonio mundial en 2004, y muchos de sus tramos por la cordillera de Kii han sido restaurados y cuentan con alojamientos que facilitan el recorrido. Se puede bajar por la costa occidental de la península de Kii-hanto, desde Kioto u Osaka hasta Tanabe, donde hay estupendos izakaya (restaurante típico japonés), o viajar a través del Koya-san. El recorrido clásico incluye el desplazamiento en autobús desde Tanabe, en la costa oeste de Wakayama, y dos días de caminata hasta Hongu, que cuenta con buenos onsen (alojamientos tradicionales) como Yunomine y Kawa-yu, ideales para quedarse un par de noches. La ruta de peregrinos es un tramo fabuloso que dura media jornada desde Hosshinmon-oji al Kumano Hongu Taisha, el santuario principal.
La oficina de turismo de Kumano, en Tanabe, cuenta con información detallada y planos de las rutas. Se puede acceder a su servicio de reserva de alojamiento (en inglés) y planear la ruta en un abrir y cerrar de ojos.
04 Un exilio imperial
ISLAS OKI
Dentro del geoparque de las Islas Oki se encuentra el grupo de las Okishoto, donde se conservan prácticas culturales y religiosas que no se observan en ningún otro lugar del país. El ritmo de vida es significativamente más lento y hay menos instalaciones turísticas, lo cual se agradece, por lo que merecen al menos un par de días de visita. Debe tenerse en cuenta que el servicio de ferry puede sufrir variaciones o interrupciones en caso de mal tiempo.
En la isla más grande, Dogo, destacan sus viejos cedros gigantes. Se dice que en Chichi-sugi, de 800 años, vive una deidad, y que el Yao-sugi, con sus retorcidas ramas apuntaladas, en el Tamakawsu-no-mikotoko-jinja, es milenario. Se pueden realizar excursiones por la costa y por la naturaleza, además de salidas en barco por la zona portuaria de Saigo y Shirashima, en la costa norte. El sumo taurino (toro contra toro) ofrece entretenimiento todo el año.
La pequeña Chiburi-jima también goza de un litoral impresionante, en el que destaca Sekiheki, una extensión de acantilados de color óxido.
05 El paraíso perdido
VALLE DE IYA
Iya se encuentra en la isla de Shikoku, enclave perfecto para la búsqueda de la perfección espiritual y conocido por su ruta de los 88 templos, y es un lugar especial, con escarpados desfiladeros y densos bosques de montaña que atraen a viajeros en busca de alivio y tranquilidad. El lugar idóneo para alojarse en una granja restaurada con tejado de chamizo y saborear la vida en una aldea tradicional. La experiencia de caminar por estrechas carreteras al borde de precipicios mientras las aguas color azul glacial del Yoshino-gawa discurren por el antiguo fondo del valle es maravillosa.
Los más activos pueden escoger entre excelentes rutas de excursionismo en los alrededores de Tsurugi-san o practicar rafting en las gargantas de Oboke y Koboke, cuyas aguas verdes van cogiendo fuerza hasta convertirse en rápidos de clase IV. Conducir por estos valles fluviales rurales permite entrever por primera vez la verde magia del Iya. En los profundos cañones a lo largo de la antigua carretera 31 hay infinidad de paisajes espectaculares.
Por esa estrecha ruta entre Awa-Ikeda y el valle de Iya circulan algunos autobuses públicos. En la zona hay tres onsen de categoría, aunque el ocio nocturno se limita a probar los soba (fideos de alforfón) y rememorar las maravillas del día.
06 Baños al aire libre
PARQUE NACIONAL DE SHIRETOKO
El parque tiene dos puntos de acceso: Utoro, al noroeste, y Rausu, en el sureste. Quien viaje en transporte público llegará, probablemente, en autobús desde Shari a Utoro. En la península de Shiretoko viven unos 600 osos pardos, la mayor densidad de la isla. Además estos osos son mucho más agresivos y grandes que los osos negros asiáticos que habitan en Honshu. Hay que ser precavidos, sobre todo por la mañana temprano y al anochecer, y no andar por ahí solo.
La experiencia que nadie se puede perder es la de bañarse en las estupendas fuentes termales (onsen): pozas gratuitas de agua caliente donde solo hay que desnudarse y sumergirse. ¡No aptas para tímidos! Algunos están en el bosque; otros, junto al mar. A la mayor parte solo se llega en vehículo propio.
07 Senderismo en el Japón remoto
RISHIRI-TO Y REBUN-TO
El verano es también la mejor época para subir al Rishiri-zan (1.721 metros), cuyo cono casi perfecto surge del mar como un monte Fuji en miniatura. Una buena muestra del Japón remoto y un lugar perfecto para hacer senderismo. El principal punto de partida está a unos 4 kilómetros de la terminal de ferries, en Oshidomari, a 220 metros de altitud. La ascensión vale la pena por las increíbles vistas que ofrece.
08 La isla de los festivales
SADO-GA-SHIMA
Sado siempre ha sido un destino remoto, y no siempre voluntario. Durante la época feudal fue una destacada colonia penitenciaria a la que se eran desterrados los intelectuales caídos en desgracia, como el emperador Juntoku, el maestro del teatro nō Zeami Motokiyo o Nichi-ren , fundador de una de las escuelas budistas más influyentes de Japón. En 1601, al descubrirse oro en el pueblo de Aikawa, se produjo una repentina llegada de mineros que, a menudo, eran vagabundos reclutados por la fuerza y obligados a trabajar como esclavos.
Sado es famosa por tener más festivales al año que cualquier otro lugar de Japón, que prueban además la dedicación local por un estilo de vida tradicional: el festival del atún de Sado, un encuentro de buscadores de almejas, el festival de los caracoles de mar o el festival del círculo de paja.
09 Islas de otro mundo
ARCHIPIÉLAGO DE OGASAWARA
Paraíso para los amantes de la naturaleza, Ogasawara está rodeado de arrecifes de coral que invitan al buceo con tubo, al avistamiento de ballenas, a nadar con delfines y a salir de excursión. Hábitat de docenas de especies raras y amenazadas, como el zorro volador de Bonin, en 2004 se fotografió cerca de Ogasawara, por primera vez, al legendario calamar gigante Architeuthis. De enero a abril, las ballenas jorobadas se acercan hasta 500 metros de la playa.
El único modo de llegar a Ogasawara es en ferry desde Tokio, que atraca en Chichi-jima, la principal isla del archipiélago. Un ferry más pequeño comunica ésta con Haha-jima, otra de las isla, y también se puede hacer una excursión a Minami-jima, una isla deshabitada con una playa fantástica llamada Ogi-ike.
