El cartero que tropezó con una piedra y se construyó un palacio

facteur-chevalFerdinand Cheval carecía de conocimientos arquitectónicos pero pasó 33 años dando forma a las piedras de su «Palais Ideal»

Ferdinand Cheval tropezó con su destino un día de abril del año 1879. Repartía el correo en su ronda diaria por Châteauneuf-de-Galaure, un pueblecito del sud de Francia, cuando una piedra en la acera le hizo saltar y desplazarse unos metros. Con el golpe la piedra salió volando revelando una forma que capturó a Ferdinand Cheval. El joven cartero la envolvió en un pañuelo y se la llevó al bolsillo. Cualquier otra persona la habría olvidado en un cajón, pero Cheval había iniciado la gesta más importante de su vida. La piedra se transformó en dos, en tres, en cientos.

Cheval recorría a diario 33 kilómetros para repartir el correo, pero pronto empezaron a escasear las piedras en su ruta, tuvo que perderse en callejones recónditos, dar rodeos. Llegó un momento en el que «no era capaz de encontrar descanso», pasaba las noches en vela buscando rocas con nuevas formas y tamaños para ampliar la colección. Sus trofeos empezaron a tomar forma, pasaron de ensoñaciones a esculturas de animales, cascadas, una planta, una escalera, dos plantas.

Tardó dos décadas en construir la primera fachada de lo que bautizó como su «Palacio Ideal», en los 13 siguientes finalizó el proyecto completo que cuenta con un templo hindú, una mezquita, un castillo medieval y una sepultura en la que el propio Cheval pretendía que lo enterraran.

El palacio «ideal» de Cheval recuerda a un castillo en la orilla del mar de esos que los niños esculpen con arena humeda. 14 metros de surrealismo que beben de la escultura hindú o la Biblia pasando por la naturaleza modernista de Gaudí.

La tumba del silencio y el descanso eterno

Ferdinand Cheval proyectó su «palacio ideal» como un lugar en el que descansar también después de la muerte. Pero cuando el Gobierno francés le impidió dar sepultura a su difunta esposa fuera del cementerio, Cheval dio nueva prueba de su obstinación y puso en marcha su segunda gran obra. Empezó a construir «La tumba del silencio y el descanso eterno» a los 78 años y la terminó con 86. «Fui bendecido con la buena salud que necesitaba para culminarla» escribe el propio Cheval en su cuaderno de notas. Un mausoleo en el cementerio de París en el que ambos descansan desde 1924.

El tonto del pueblo

Ferdinand Cheval no tenía estudios de arquitectura, de hecho era conocido entre la pequeña población de Châteauneuf-de-Galaure como «el tonto del pueblo». Hoy es considerado como uno de los máximos exponentes de la arquitectura surrealista. Artistas e intelectuales como Andre Breton, Pablo Picasso o Max Ernst le consideraron una inspiración para su trabajo.

En 1969 André Malraux declaró el «palacio ideal» monumento histórico de Francia. En la actualidad visitantes de todo el mundo pagan por conocer este templo a la obsesión de un solo hombre.

 

Comparte nuestro contenidoShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn

No se admiten más comentarios