Marruecos, hay que descubrirlo.

En esta ocasión, es nuestro Euroturista Tomás Rubio quien ha tenido la gentileza de enviarnos una historia  sobre la visita que hizo a Marruecos… os lo recomendamos.

Viajar a Marruecos

Viajar a Marruecos

Después de recorrernos media – ¿entera? – Asia a nuestro aire (Japón, China, Corea del Sur por dos veces, Singapur, Hong Kong, Tailandia e Indonesia) decidimos aceptar la propuesta realizada por Benjamín y Euroturismo cambiando no solo de forma de viajar sino de “aires”. Abiertos a nuevos horizontes escogimos hacer una incursión “en privado” a Marruecos combinando historia, cultura y naturaleza.

El viaje, tras el aséptico y casi obligado traslado por parte de Iberia en vuelo directo Valencia-Casablanca, comienza con el esclarecimiento de las dos primeras incógnitas de la ecuación: el chofer y el vehículo que nos servirá de guía y transporte durante los cinco días.

El primero se presenta como Moulay, un experimentado conductor anteriormente profesor de autoescuela que en temporada baja cuando no hay turistas se dedica a servir de chofer a los técnicos y artistas que trabajan en los estudios de cine de Ouarzazate. Su español es muy básico pero su voluntad y nuestras nociones de francés e ingles salvan los obstáculos idiomáticos.

El vehículo era un Nissan Pathfinder, bastante nuevo y de impecable presentación cuya imagen se mantendría inalterable por muchas toneladas de polvo que acumulase al final de cada jornada gracias a la atención y limpieza diaria de Moulay.

Tras varias horas por carreteras nacionales – según Moulay no nos llevaba por Autopista ya que nos quedaríamos sin las vistas – llegamos a Marrakech. La verdad, antes de entrar con la capital turística del país, es que había que darle la razón al conductor ya que sorprendía ver lo verde que era el recorrido, una imagen muy alejada de lo que uno se imagina del lugar. En todo caso conviene recordar que nuestro viaje se sitúa en Abril y que la primavera algo tenía que ver…

Marrakech. Poco voy a comentar de los muchos atractivos turísticos del lugar ya que para eso sobran las guías e información en la red. Yo solo añadiré impresiones y alguna que otra recomendación.

Existe mucha diferencia entre el Marrakech de la Medina y el de la Ciudad Nueva. Una contiene ese encanto que esconde el caos con las motocicletas casi arrollando al personal en una calle en la que parece casi imposible esquivar nada, sus vendedores con un conocimiento casi ilimitado de idiomas y establecimientos donde la tradición se entremezcla con la necesidad; la otra de carácter occidental tiene todo lo necesario para “curarse” del mal del exotismo. Por ejemplo, tras haber comentado nuestra querencia por extremo oriente, en el centro del nuevo Marrakech – justo enfrente de la Oficina de Turismo – se encuentra un restaurante japonés (OchaSushi – www.ocha-sushi.com) regentado por un descendiente de españoles de tanta calidad que a pesar de hallarse en tal lugar, tan alejado del ámbito asiático, ya lo tengo entre mis favoritos a nivel mundial. Basta decir que fuimos dos veces. Si estás cansado de Cous cous y Tajine, ésta es una opción perfecta.

Pero si en realidad quieres hartarte de la típica y popular comida marroquí tienes muchas opciones. La barata y con una calidad nada desdeñable, acudir a uno de los muchos restaurantes que rodean la plaza Jemaa el-Fna. Por 5€ por cabeza, satisfarás tu hambre y tal vez curiosidad. Si quieres lujo y gastarte mas de 30€ siempre puedes acudir a uno de los numerosos hoteles de muchas estrellas que hay en la ciudad.

Y hablando de hoteles. Lo mejor hospedarse en un típico Riad. El Islam abogada por guardar las apariencias, pues estos locales se acogen a ésta máxima ya que esconden palacios tras fachadas decrepitas. El nuestro, el Riad Numero 10, estaba compuesto por dos edificios conectados por un patio interior y una terraza conteniendo varias habitaciones de diferentes estilos. Y lo sé porque pernoctados en dos etapas – ver mas abajo – y tuvimos que cambiar de estancia en cada una de ellas. Las dos primeras noches en una amplia y bonita buhardilla con capacidad para 3 personas (cama de matrimonio y supletoria) y la cuarta, una mas reducida pero de idéntico sabor local. Le faltan servicios de restauración y otros pero es una solución recomendable no solo por lo económico sino por lo cercano.

Tras Marrakech salimos hacía Ouarzazate atravesando la cordillera del Atlas. Si antes hablábamos de “verdor” ahora éste se extrema hasta que llegan esas cotas tan elevadas en las que es casi imposible que viva nada. A mas de 2500 metros de altura todo es agreste pero comienzan a verse pequeñas poblaciones construidas a fuerza de adobe y del tesón de una gente arraigada a una tierra ingrata. Sorprende ver los pocos medios de los que disponen pero por el contrario en ninguna vivienda falta una antena parabólica que contrasta con lo primitivo de la estampa.

La aventura comienza en la falda de la mayor Kasbah del país en el Valle de Teluet, una lamentablemente gigantesca estructura de adobe rojo semiderruida por mor del desinterés del otrora colonizador francés, la idiosincrasia de un país sin recursos y las limitaciones de unas construcciones demasiado perecederas. Allí comerás en unas tiendas típicamente bereberes con todo el sabor – nunca mejor dicho – de las tradiciones. Tras ver el coloso mutilado – no puedo imaginar como sería con todo su esplendor cuando vivía el Pachá – comienza un recorrido por el Valle a través de pistas forestales, un autentico gozo para la vista, los sentidos y como decía, la aventura.

Alejada de la comercial y turística “Ruta de las Mil Kasbash” fácilmente accesible por cualquier autobús, aquí nos encontramos con el Marruecos Interior con decenas de poblaciones coronadas por Kasbahs donde la gente se extraña de ver pasar un vehículo y los cientos de niños que las habitan – la media de nacimientos en el país es de 4 niños por pareja – salen al paso del todoterreno esperando que respondas a su saludo. Uno casi se siente Fallera Mayor o Miss, saludando con la mano al personal. Tras varias horas de saltos y polvo – no importan dada la belleza y naturalidad de paisajes que mezclan el verde del lecho del río, el marrón de las casas y montañas y el blanco de las minas de sal – se llega a Ait Benhaddou, quizás la Kasbah mas conocida por ser el escenario de decenas de films.

Y hablando de films, dada la experiencia de nuestro conductor en el medio, no paraba de salpimentar sus comentarios con datos cinematográficos, siempre indicando que películas fueron rodadas en uno u otro lugar.

La población es absolutamente mágica y no solo por su belleza. Para entrar en ella hay que “mojarse” literalmente ya que hay que atravesar un pequeño río. Si uno no quiere descalzarse puede optar por subir en un típico burro – uno se imagina camellos o dromedarios al pensar en Marruecos pero el burro es el autentico Rey del país – y claro está obsequiar con algunos Dirhams al dueño del animal.

Tras la velada inolvidable uno llega a Ouarzazate donde además de los Estudios Cinematográficos Atlas donde se han rodado films como “Asterix y Cleopatra”, “El reino de los cielos”, “El cielo protector”, etc. nos esperaba “Le petit riad”, un pequeño hotel regentado por una antigua estudiante de filosofía hispánica que resultará además de una inmejorable anfitriona, una estupendísima cocinera. << Como en casa >> es la mejor definición.

Al día siguiente y tras sacarnos Fátima – su dueña – una promesa para volver otro año para conocer Zagora y el desierto, volvemos a Marrakech visitando de paso el Oasis de Fint, un remanso verde y primitivo donde la vida y el tiempo parece que se ha detenido.

Tras descansar en la antigua capital imperial, viajamos hasta las Cascadas de Ouzoud, verdadera sorpresa del viaje. Volviendo a los tópicos, ¿quién se imagina una cascada de mas de 120 metros de altura y con tanta y tanta agua?. Pues eso, en medio de una garganta natural se encuentra una inmensa cascada – la segunda mas grande de África tras las archiconocidas Cataratas Victoria – que merece por sí sola casi ya la visita a Marruecos.

Y si Ouzoud es de lo mejor – para nosotros – de Marruecos el mismo día nos encontramos también con lo peor. Y es que hacer 140 km. en 7 horas, cuesta. Carreteras impracticables, tráfico a veces peligroso y un embotellamiento a la entrada de Casablanca con nada comparable.

Tras la agotadora jornada, descanso en el Hotel Les Saisons en la capital económica del país y mira tu por donde que lo que parecía iba a ser el peor alojamiento resultó ser el mejor. Aunque de carácter occidental, las tres estrellas del establecimiento escondían una habitación regia con dos camas de tamaño casi de matrimonio, con saloncito sofá incluido y un cuarto de baño inmenso.

Al sueño reparador le siguió otro largo viaje – y eso que era solo de 90km. – a Rabat. Al menos nos sirvió para ver las zonas costeras entre ambas capitales alejadas de la sencillez rural del interior. Otro Marruecos.

Rabat se abrió a nosotros como una ciudad occidental bastante cuidada  – se nota que el Rey reside allí – con espacios muy amplios y atractivos aún mas desconocidos de lo que en sí esconde Marruecos. Histórica y coqueta, Rabat elude el turismo en masa de Marrakech para agasajar al foráneo que se atreva a descubrirla. El mausoleo de Mohammed V, la Torre Hassan, Bad Oudaïa o la Necrópolis de Chellah son hitos menos conocidos y reconocibles que algunos de Marrakech pero que fuera del circuito convencional guardan mas belleza y quizás autenticidad.
Y vuelta a Casablanca aunque en ésta ocasión y por petición expresa por Autopista. Sí, por carretera hay muchas vistas pero también… finalmente… hastío. La colmena de casi 4 millones de almas encierra pocos atractivos pero el mayor, es de obligatoria visita. La mezquita de Hassan II podría pasar por una de las maravillas del mundo moderno. No solo son sus dimensiones – la tercera mezquita mas grande del mundo – es la belleza que guarda en su interior. Deja boquiabierto.

Y tras esto nos permitimos el placer de visitar el “Rick’s café”, un restaurante construido hace 6 años a imagen y semejanza del local que regentaba Humphrey Bogart en el film. Ostras y todo un repertorio de recetas culinarias de inspiración francesa. Un local de lujo a un precio no tan desorbitado como podría parecer; caro sí pero no excesivamente: 35€ por cabeza y eso que me permití hasta un cocktail.

Y nada mas, como habéis podido apreciar un viaje aprovechado y disfrutado. Para mi, Marruecos es un país que sufre de muchos prejuicios y que debe descubrirse. Para acabar, una tanda de consejos:

- Hay que aprenderse la sentencia en francés <<Je connais…(Ye coné…)>>/Yo conozco…”. Y es que en las zonas turísticas te asaltarán decenas de “voluntariosos” guías que querrán llevarte a algún sitio quieras o no. Eso sí, luego querrán que les pagues la voluntad que ellos deciden, normalmente desorbitada. Algunos preguntan si quieres guía pero otros tercos y maleducados no entenderán ni las indirectas. Lo peor es que alguno aprovechado en lugar de llevarte a donde quieres te conducirá a alguna tienda…

- Taxis, baratos y relativamente seguros. Normalmente negocian el precio antes de cogerte con la ventanilla bajada, aprovechándose del turista. Ir de una parte a otra de Marrakech puede costar menos de 2€ aunque ellos piden 3 o 4.

- En los Riads no os extrañe que no hayan llaves en las puertas de las habitaciones. La seguridad en Marruecos es en principio envidiable. La conjunción de una religión severa y una policía no menos dura, obra el milagro.

- El idioma. Árabe, bereber y francés. En las tiendas y restaurantes también chapurrean el español. Ningún problema.

- El calor. Nosotros fuimos a principios de Abril y parecía Junio en España. En verano… puede ser insoportable; hasta los mismos nativos nos lo reconocían.

- Los españoles: bien recibidos. Es increíble lo que hace el fútbol por nuestro país. Los domingos en la radio emiten los partidos de la liga española como aquí. Es muy curioso y divertido.

- Higiene. Como he dicho, hay que derribar prejuicios. Sí las calles están sucias por el polvo y la arena y también no nos engañemos porque los marroquíes – confesado por el propio guía – no son muy cuidadosos con los papeles que tiran al suelo y demás, pero no hay problema con la comida y/o bebida.

- Aunque obvio, por si acaso. Ni del Rey ni de Alá, mejor no cuestionar sus figuras.

- Y por último, no os guardéis demasiados Dirhams para comprar en la DutyFree del aeropuerto a la vuelta. Al menos en el de Casablanca solo se puede pagar con la moneda local en las cafeterías. En las tiendas, solo Euros.

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  • Muy buena aportación, un relato exceltente, la verdad es que Marruecos nunca me ha llamado mucho la atención pero después de leer tu experiencia me lo apunto para cuando pueda ….

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