ANGKOR, LA CIUDAD ENGULLIDA POR LA JUNGLA

Tras cinco siglos olvidados bajo la selva, los templos de Angkor en Camboya recuperan su lugar entre los complejos arqueológicos más impresionantes que podemos ver. Los templos de Angkor son una de las maravillas del mundo antiguo.

En Camboya la alegría llega con la lluvia. A pesar de ser un suceso cotidiano, sobre todo durante la temporada monzónica, toda precipitación se celebra como un acontecimiento extraordinario. Quienes mejor lo demuestran son los niños. Cuando apenas ha caído la última gota, los pequeños parecen surgir de todas partes para corretear y jugar en los inmensos charcos que dejan estas lluvias intensas y rabiosas.

Templo de Ta Prohm - Angkor Wat - Camboya

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Instantes fugaces de alegría que ayudan a capturar la esencia de un lugar y que marcan la diferencia entre simplemente coleccionar un destino o marcharse de él con una impronta indeleble.

Niños en Angkor - Camboya

 Los templos de Angkor son una de las maravillas del mundo antiguo al nivel de la grandiosidad de las pirámides de Egipto o la elegancia del Taj Mahal. Junto a los templos de Bagan en Birmania y el complejo indonesio de Borobudur, son el principal yacimiento arqueológico del sudeste asiático, uno de esos lugares ante los que uno no deja de preguntarse cómo es posible que hayan sido levantados por los hombres.

Tras ser engullidos por la selva tropical y permanecer ocultos durante siglos hasta su redescubrimiento por expedicionarios europeos en la segunda mitad del siglo XIX, estos templos tallados en piedra según la tradición hindú han vuelto a despertar la curiosidad del mundo. Cerca de un millón de viajeros los visitan cada año, sobre todo desde que merecieron la consideración de patrimonio de la humanidad por parte de la Unesco, cuyos esfuerzos se centran ahora en asegurar la conservación de este impresionante complejo.

Templos en Angkor - Camboya

En plena selva camboyana, sobre un área de 400 kilómetros cuadrados equivalente a la isla de Manhattan, se levantan decenas de grandes templos de roca arenisca o ladrillo y centenares de estructuras religiosas de menor tamaño construidos entre el siglo IX y el XIV por los Khmer, que fijaron la capital de su imperio en Angkor para extender su dominio durante cinco siglos sobre gran parte del sudeste asiático, incluido el territorio que hoy ocupan Laos y Tailandia.

Al margen de su incuestionable valor arquitectónico, gran parte de la fascinación que los templos de Angkor ejercen sobre los viajeros se debe al pulso que mantienen con la jungla. Algunas partes de los templos aún permanecen semienterreadas bajo la densa vegetación tropical, que pelea por abrirse camino entre las piedras. El resultado de esa lucha que dura siglos son rincones de extraña belleza, con ramas y raíces de imponente calibre que se retuercen sobre unos muros que, en muchos casos, habrían sucumbido al paso del tiempo de no ser por el sostén vegetal.

Angkor Wat

El más grandioso de todos es Angkor Wat, el templo miles de veces fotografiado con sus cinco torres en forma de capullo de flor de loto reflejadas sobre alguno de los estanques que lo rodean. Levantado en el siglo XII por el dios-rey Suryabarman II, se trata del edificio sagrado más grande del mundo. Todo en él es colosal. El foso de agua que lo rodea tiene una anchura de casi 200 metros, la torre principal es tan alta como la catedral de Notre Dame de París –construida en la misma época– y la muralla que lo protege mide más de tres kilómetros. Todo menos el altar sagrado que se encuentra en su interior, que sorprende por su extrema sencillez.Apsaras - Angkor - CamboyaEl templo conserva su función como lugar de culto, por lo que decenas de devotos y monjes budistas todavía acuden hoy a depositar sus ofrendas entre el trasiego de miles de turistas. La cantidad de visitantes que puede llegar a concentrarse en Angkor Wat, unida a la elevada humedad y un calor casi siempre sofocante, aconsejan adelantar al máximo la visita para evitar estas incomodidades. Explorar el más grande de los templos del complejo de Angkor puede llevar perfectamente una mañana completa, por lo que conviene afrontarla con calma y casi desde el amanecer.

Aparte de ascender a lo más alto del templo para tener unas magníficas vistas sobre la ciudad sagrada, merece la pena detenerse a observar los relieves tallados sobre cientos y cientos de muros de piedra de las galerías que rodean el edificio principal con leyendas budistas e hinduistas. La escena principal es la del ‘mar de leche agitado’, la epopeya india en la que dioses y demonios baten el mar para generar el elixir de la vida. Las inscripciones en sánscrito, el lenguaje sagrado de la India, talladas sobre las paredes de éste y otros templos en Angkor son una de las principales fuentes de conocimiento de la antigua civilización camboyana.

Templo de Preah Khan - Angkor - Camboya

La producción del imperio Khmer no se agotó ni mucho menos con Angkor Wat. En los siglos posteriores fueron levantados decenas de templos singulares, especialmente bajo el reinado de Jayavarman VII, el rey que más gloria dio al imperio y que fortificó la ciudad de Angkor contra los ataques que los Cham lanzaban desde Vietnam. Sobre el escenario de una de esas victorias contra el invasor vietnamita se levantó otro de los templos más espectaculares de Angkor, el Preah Khan. Se trata de un laberíntico templo que destaca sobre todo por sus muros decorados con relieves de apsaras, figuras femeninas de la mitología budista e hinduista, y por algunos rincones donde las raíces enroscadas de los árboles se han apoderado de sus muros. Este es uno de los lugares de Angkor en los que la lluvia suele regalar al viajero momentos únicos.

Templo de Ta Phrom - Angkor - CamboyaNo obstante, los abrazos más espectaculares entre naturaleza y templos se dan en Ta Prohm, también conocido como el ‘Templo de la Jungla’, que Jayavarman VII ordenó construir en honor a su madre. Tras el redescubrimiento de Angkor se decidió mantenerlo sin cambios, por lo que es el mejor lugar para experimentar lo mismo que los expedicionarios que se toparon con él hace 150 años. El resultado a cinco siglos de lenta conquista de la jungla son rincones de inigualable belleza en los que árboles gigantescos parecen surgir directamente de las piedras. A muchos viajeros les resultará familiar porque en él se rodaron algunas escenas de la película Tomb Raider.

En el centro de Angkor Thom, la ciudadela fortificada de Jayavarman VII, se alza el considerado como el más original y enigmático de los templos de Angkor. Con sus 54 torres de piedra y 216 rostros esculpidos sobre ellas, el templo de Bayón es uno de los más apreciados por los visitantes. La sensación que produce sentirse permanente observado por estos rostros serenos y sonrientes le confiere una atmósfera inquietante. Los relieves de sus muros merecen atención porque no solo narran procesiones y batallas del imperio, también desvelan muchos detalles de la vida cotidiana de los khmer con escenas como mujeres dando a luz u hombres asando animales en una hoguera.Templo de Bayon

Algo más retirado de los anteriores se encuentra Banteay Srei, o templo de las mujeres, considerado por muchos como el más perfecto de Angkor, una verdadera obra de arte. Construido dos siglos antes que Angkor Wat, Banteay Srei es un templo de dimensiones muy reducidas que destaca por un característico color rojizo del tipo de piedra arenisca que se utilizó en su construcción y por la profusión ornamental. Teniendo en cuenta que lleva en pie más de mil años, resulta increíble comprobar el nivel de detalle que alcanzaron sus constructores, que prácticamente no dejaron ni un fragmento de muro sin esculpir en este templo dedicado al dios Shiva. La decoración de los frontones del santuario central o los dinteles de las puertas son auténticas filigranas con escenas que ilustran leyendas sagradas del hinduismo, como el dios Indra cabalgando sobre el elefante de tres cabezas.

Templo de Banteay Srei

Muchos viajeros que llegan a Angkor lo hacen como extensión a circuitos por países vecinos como Tailandia o Vietnam. El pueblo de Siem Reip, a apenas cinco kilómetros del complejo arqueológico, cuenta con aeropuerto propio y una oferta de hoteles de lujo que poco tiene que ver con la que predomina en el resto de Camboya. El visado, para el que se necesita una foto de carnet, se puede tramitar de manera rápida y cómoda por 25 dólares en el mismo aeropuerto. Lo aconsejable es contratar un guía local y dedicar al menos tres jornadas completas a explorar la zona. El tuc tuc es uno de los medios más utilizados, ya que las distancias entre algunos templos son grandes, pero no hay que perder de vista la opción de recorrer algunas zonas en bicicleta para acercarse más a los camboyanos que viven cerca de los templos. Su modo de vida apenas parece haber cambiado a lo largo de los siglos. Invertir menos tiempo sería un error que ningún viajero debería cometer.

 

Fuente: Xavi Moret

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